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Blink Blink

Blink Blink corrió por el camino empedrado intentando pasar lo más desapercibido posible. Era una noche sin luna y el viento que susurraba entre los árboles marchitos del cementerio parecía susurrar su nombre. No muy lejos, tambaleantes figuras se acercaban torpemente con el único fin de arrebatarle el calor de su cuerpo y la carne de sus huesos.

En otras circunstancias, a causa de la pobre visión nocturna que caracterizaba a su raza, un mediano hubiese sido presa fácil de la jauría de putrefactos no muertos que le perseguía. Sin embargo, hacer pactos con un demonio tiene sus ventajas y Blink Blink, imbuido de poder infernal, gozaba de una visión aguda en cualquier condición de luz. El lado malo de los pactos demoniacos es que te obligan a explorar peligrosas catacumbas infestadas de cadáveres ansiosos de que seas su cena.

Cuando finalmente llegó al umbral del mausoleo, se detuvo un segundo para estudiar el escudo heráldico que custodiaba la piedra angular del arco principal. Sin duda, el escudo pertenecía a la familia Slorrak, una antigua familia noble de Calensar, ahora conocida como el Burgo. Blink Blink meditó un instante sobre este hallazgo, estaba del todo seguro de que había algo que se le escapaba, algo que su patrón no había querido decirle. Por lo que sabía, en el pasado, antes de la fundación del Imperio del Enclave, en el honorable reino de los caballeros, hubo una purga contra una orden de caballería que inició tratos con demonios y otras criaturas impías. La familia Slorrak estaba íntimamente relacionado con aquella orden de caballería de lo cual no conseguía recordar su nombre.

­­­­—No es momento para elucubrar, necio —escuchó en su cabeza el mediano, y acto seguido cayó en la cuenta de donde se encontraba. Un escalofrío le recorrió la espinal dorsal cuando percibió un movimiento furtivo encima del mausoleo, reculó unos pasos y entonces vio a la criatura. Aquel engendro reptaba por el tejado de la cripta tirando algunas tejas sueltas. Caminaba sobre cuatro extremidades acabadas en afiladas garras aceradas. La cabeza solo era vagamente humanoide, aunque lo que más llamaba la atención era su boca repleta de afilados dientes.  Remataba el dantesco espectáculo que la descarnada criatura emitía un extraño e hipnótico siseo mientras se acercaba al mediano.

Mientras se planteaba alejarse del demonio, un sonido metálico chirrió a sus espaldas. Al girarse comprobó como media docena de cuerpos tambaleantes acaban de sobrepasar la verja que rodeaba el panteón. Por la mente de Blink Blink se sucedían posibles planes para enfrentarse a esa amenaza mientras el nerviosismo se adueñaba de él. Con sus cortas piernas la huida no era una opción, puede que huir de los zombis fuera tarea fácil, pero el Reptador Infernal le daría caza en un pestañeo.

Cuando volvió a caer en la cuenta del demonio, se giró rápidamente para no perderle la pista, pero no halló rastro alguno del monstruo. Frenético, buscó en todas las direcciones mientras se acercaba de espaldas de nuevo a la puerta de la cripta, con la esperanza de que la cerradura estuviese abierta. No hubo suerte, los portones no se movieron un ápice.

—Parece que la suerte de los medianos te ha abandonado esta noche, Blink Blink— sentenció la voz grave de su maestro dentro de su cabeza.

Pese a que se dice de los medianos que no se espantan con facilidad, el brujo comenzó a estar un poco asustado. Mientras aporreaba la puerta para intentar abrirla fantaseó con su destino si le alcanzaban los no muertos. ¡Cómo de estúpido se vería una turba de zombis con un mediano zombi detrás! El Blink Blink zombi iría más rezagado por culpa de sus cortas piernecitas. No pudo contener una carcajada al imaginarse la escena.

—Muy divertido, Blink Blink— le dijo la voz de su cabeza—. Ahora, si consigues mantenerte con vida el tiempo suficiente, puede que encontremos algo relevante.

—¿Algo relevante como que el discípulo del Príncipe de la Sangre formaba parte de una orden de caballería de herejes?—dijo el mediano algo molesto.

—¿De verdad quieres discutir eso ahora?— dijo la voz de su maestro con desdén—. El Reptador te acecha Blink Blink, sé lo que planea hacerte y no será bonito.

En ese preciso momento la mole de carne que era el reptador saltó desde detrás de una estatua herrumbrosa para lanzarse sobre el mediano.  Si hubiese querido, se habría abalanzado fácilmente sobre su distraída presa, pero en vez de eso, se encaramó en la pared de la cripta, a escasos pasos suyos, mientras emitía un amenazante siseo. Era evidente que el monstruo quería divertirse antes de acabar con su presa.

Blink Blink rodeó el perímetro de la cripta ganando distancia con el ser que le perseguía mientras evocaba fórmulas arcanas olvidadas y hacía extraños gestos con sus manos. Cuando acabó de pronunciar el hechizo,  una pequeña explosión de fuego mágico iluminó el patio del panteón. Lejos de disiparse, el fuego se mantuvo formando una columna que bloqueaba el camino por donde había pasado. Si alguien se atrevía a perseguirle, ardería en su fuego impío. Satisfecho, el conjurador observó su obra mientras intentaba encontrar alguna forma de meterse en el interior de la construcción. El fuego que había invocado el mediano lamía las paredes de piedra de la cripta con una furia desatada. Blink Blink pudo ver dentro del fuego un rostro cruel, el rostro del reptador que parecía no verse afectado por las destructoras llamas mientras se le acercaba.

—¿En serio, Blink Blink? ¿Fuego para los demonios? ¿Es que no has aprendido nada de mí?— regaño la voz de su cabeza.

—No estas siendo de ayuda— respondió el brujo claramente enfadado. Y se preparó para conjurar algun hechizo más potente con el que derribar a su enemigo.

Intentó alejarse unos pasos del demonio mientras volvía a canalizar su poder arcano cuando, de pronto, su pie se hundió en el vacío de una fosa. Al perder el equilibrio, Blink Blink se intentó agarrar a un ladrillo da la pared, pero este cedió ante la presa del mediano provocando un derrumbe de escombros. El mediano rodó por el agujero hasta que impactó con el frío suelo del interior de la cripta.  

En el interior del mausoleo una espesa niebla los oscurecía todo, sin embargo, lo que le provocó más angustia al brujo fue la claustrofóbica atmósfera de puro mal que rezumaba por todas las esquinas del panteón.

—Bien hecho Blink Blink, has conseguido entrar— dijo la voz que habitaba en su cabeza.

—Sí, parece que he recuperado mi suerte de mediano— respondió con sorna.