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Historias de Bórea

Bórea es solo uno de los grandes continentes que integran el basto mundo de Arcarademo y del que, para interés del lector, explicaremos parte de su historia moderna en estas líneas. No se debe entender que el resto de los continentes están exentos de interés o importancia, sin embargo, la información que se tiene de ellos es vaga y escasa.

Me gustaría destacar un excepción en este punto, la del ya extinto Antiguo Reino, quien consiguió atesorar historias de los otros pueblos del Arcarademo. Cuentan que había conseguido desentrañar muchos secretos sobre el hermético Imperio de la Niebla, conocido también como el Imperio del Dragón de Jade, incluso los secretos de la lejana civilización del Viejo Ar’zhal. También se rumorea que había contactado con las extrañas gentes que habitaban las ahora tierras conocidas como Kaona.

Lástima que el Antiguo Reino siempre utilizó su información con fines belicosos. Después de la Guerra Boral y la destrucción del tiránico imperio, la mayor parte de los conocimientos que había acumulado desapareció tras la destrucción de sus bibliotecas.

Si el lector quisiera encontrar más información sobre el resto de los continentes le recomendaría que probara a viajar a Val’syr, siempre que el frío y los peligros de la tundra no fuera un inconveniente, si se me permite el atrevimiento. El antiguo reino nórdico siempre ha tenido un afán explorador que le ha empujado a descubrir tierras lejanas y, en algún lugar de sus helados registros, debe de hallarse información interesante.

Podría probar también en Noltac, pero es bien conocido por todo el mundo que los elfos son muy celosos con su información. Más de un caso conozco en el que algún erudito del influyente Sigilo Augur se ha dado de bruces contra la administración de la Antigua Raza, no mostrando la suficiente paciencia para soportar los muchos trámites que se requerían para acceder a sus nutridas bibliotecas y, por tanto, desistiendo en su afán de consultar alguna información.

Ahora bien,  volviendo al tema que nos atañe, el viejo continente de Bórea es, en mi opinión, suficiente interesante para satisfacer los gustos del buen lector y, sin duda, un eje de estudio para la época presente. En los tiempos que nos ha tocado vivir es indiscutible que el continente es el centro del mundo civilizado.

Gran parte de esta realidad es gracias al Enclave, el imperio que resurgió de las cenizas tras la Guerra Boral. No es de mi interés divagar así que, en otra ocasión, tendré la oportunidad de brindar al lector una elucidación sobre los motivos que provocaron tal fascinante y trágico conflicto. A muchos estudiosos les incomoda hablar del Antiguo Reino, pero ese no es el caso de este humilde escriba.

Para comenzar a hablar sobre el centro del mundo civilizado lo mejor sería empezar por el principio de su historia, que también coincide con el final de una historia antigua y oscura. La Confederación Teldava nació de las ruinas del Teldarón, un imperio déspota que fracasó en su pretensión de conquistar el continente norteño.

La frágil y joven nación tenía un futuro incierto bajo la atenta mirada de la Liga de la Fragua y los territorios liberados: Brelbem, Calensar, Val’syr y Andalomë. Cierto es que, si hubiese sido por la Liga de Fragua, el reino tan siquiera hubiera existido ya que sin duda habría sido anexionado o repartido entre el bando vencedor. Empero, los territorios que más sufrieron el conflicto quisieron pasar página pronto y no tuvieron interés alguno en expoliar un territorio lleno de miseria, como era en aquella entonces Teldavia.

Pero, si hubo algo que sin duda condicionó la supervivencia de la Confederación, fue al espíritu indómito de sus líderes, quienes, dando la espalda a la actitud despótica del Antiguo Reino, se comprometieron a crear un nuevo mundo, esta vez a través de la diplomacia.

En estos primeros días de Teldavia, el hambre y las enfermedades diezmaban a una población con poco que perder. Gracias a la desinteresada ayuda del Pueblo Errante y los Clérigos del Sacro Resplandor esta situación se pudo contener. Fue la generosidad de los Salamendy la que ayudó en la reconstrucción de las ciudades, y las manos sanadores de los sacerdotes iluminados las que expulsaron a la enfermedad y restañaron la salud de los supervivientes.

Sin embargo, los peligros seguían acechando en diferentes escalas: Kovanje, líder de la antigua Liga de la Fragua, no desistió en su intento de anexionarse la ruinas del Antiguo Reino fuese como fuese. Por aquellos años de intrigas y traiciones el temple de los líderes Teldavos se puso a prueba demostrando una sabiduría que guió el destino del reino.

No tardó la practicidad y perseverancia del pueblo de Teldavo en conseguir reconstruir su nación, fue entonces cuando comenzaron a reabrirse las relaciones con los otros reinos vecinos.

A medida que las conflictos y los años pasaban, la visión y la convicción de la Confederación Teldava fue convenciendo a diferentes pueblos que decidieron unirse a ellos. A este propósito ayudaron la malas decisiones de sus enemigos encubiertos, Kovanje.

Calensar, el honorable reino de los caballeros, cerró tratados para proteger las fronteras de la pacífica Teldavia. Luego fue Brelbem, la nación del Último Dios Viviente, quien quiso unirse también a la alianza.

Mientras tanto, Kovanje cambió de actitud: Dejando a un lado una manera de hacer más sutil y encubierta pasó a una estrategia evidentemente agresiva. Mostrando su verdadera cara, volvió a declarar la guerra contra sus antiguos enemigos. Sin embargo, esta vez no tuvo el apoyo suficiente para vencer a la Confederación.

Los nórdicos de Val’syr, Noltac, y, finalmente, el reino de los elfos de Aldalomë, fueron haciendo coalición con Teldavia, venciendo así en futuras contiendas. Resulta irónico que las pretensiones del Antiguo Reino se consiguieran finalmente, aunque de una manera muy diferente.

Sin embargo, faltaría algo más para llegar a la nación que se conoce hoy día. Primero fue la solicitud de la Nación Enana para integrarse en el reino. Luego sucedió la llegada, en un momento de gran necesidad, de los Rouku Saru, a quienes ahora se les conoce como el Pueblo de Cael. Pero no fue hasta que el Pueblo Errante, los Salamendy, aceptaron unirse al reino, lo que desembocó en el registro del conocido Último Edicto Real, que la gran potencia no se consolidó como el Imperio del Enclave.

Para finalizar este fragmento, si se me permite, me gustaría hacer un pequeña reflexión. Pese a la visión armónica que ha guiado las decisiones de Teldavia para conseguir un mundo en paz, las guerras y los conflictos les han perseguido desde su renacimiento, la última de ellas la Guerra del crepúsculo. Me pregunto entonces si hay tanta diferencia entre el Imperio del Enclave y su antecesor, el Imperio Teldaron. Tal vez la paz sea una utopía y las razas tengan que seguir luchando entre ellas hasta conseguir su completa destrucción. Solo los dioses lo saben…

Maximilio de Lacus

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